viernes, 6 de junio de 2014


Mis noches recitando poesía en el bar Alfil:
La ciudad respiraba ese aire nuevo de la primavera, la pragmática urbanidad con los naranjos en flor en la calle. Los faroles iluminando con su destello suave sobre las aceras y el asfalto. Los bares abiertos con sus cristaleras transparentes. En un ciclo que se abre para que los poetas puedan leer sus poemas al público sobre la tarima, bajo los focos radiantes. La calma del clima templado en la uniformidad del medio ambiente. Con la libreta de las últimas composiciones literarias, con el paso lentamente caminando bajo la penumbra de las callejas, llegaba confiado pensando en la lectura poética que se iba a iniciar en breve. Empezaba el acto que presentaba Rocío, la organizadora; fiel a su cita con los espectadores. Afablemente me daba la entrada cuando procedía, entre las personas que iban saliendo por turno. Me levantaba de la mesa donde estaba sentado con los papeles, dirigiéndome al entarimado. Apoyado en el taburete, bajo la potente lámpara alzaba la voz; en el rincón donde estaba situado el escenario. En algunos intervalos en que salían otros escritores la presentadora me volvía a invitar a subir. Leí sobre el abanico de temas sobre los que escribo. Y así hasta que terminaron aquellos encuentros literarios. José Francisco.


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