Poema a una acequia de agua de la Mezquita
Corre el agua por la acequia serena y perpleja,
por el canalillo bajo la sombra,
que va a dar al desagüe.
Parece una vega regando,
desde que sale de la fuente,
hasta que llega al río.
La luz refleja transparente,
mientras el agua desciende lenta,
la corriente susurra su silbo apacible.
Una hililla sobria y descomunal,
baja tallando el adoquín cristalino
sobre la hendidura perpetua.
Como rebosando jerarquicamente
con la posibilidad perenne
de su perfume brioso,lacio,calmado.
Sugiriendo la pausa de los días,
el contento del fogonazo del sol,
el aplauso del corazón jubiloso.
Sugiriendo la templanza etérea,
la alegría de los campos de sol,
el renuevo, la música, la algarabía.
Sugiriendo el verano cálido,
la hierba verde,
en lontananza los rastrojos brillando.
La besana del surco,
la retama luciendo en los barrancos,
la arcadia de la literatura.
En la fuente que mana azarosa,
por el caño adosado,
la que cautiva húmeda el canalillo.
Es la blanca espuma
la que aquí pasa avasallando,
con su recién conquista deslizándose por su cauce.
Va limpiando,arrastrando,
el agua de la fuente por el canal,
como se limpia el corazón, mansamente.
José Francisco. Córdoba.2011.
No hay comentarios:
Publicar un comentario