miércoles, 11 de agosto de 2010

AL MUSICO AMBULANTE DEL ACORDEON

La acordeón suena con una fuerza increíble
sobre el prétil del Puente Romano de Córdoba
con un éxtasis que solo el compás
de sus arpegios logra comunicar.

La asombrosa luminosidad del cielo azul
sobre el río Guadalquivir acompaña la dulzura
con que toca la acordeón un músico ambulante,
tan lleno de sueños que sus dedos clavan
dulcemente en las teclas
que con tanta agilidad tocan.

Todos los turistas exaltan la brevedad de la vida
al escuchar la música con tanta claridad,
sobre la bella estampa que el río ofrece
sobre las mansas aguas que cruzan
bajo los arcos de medio punto del famoso puente.

El amoroso paseo del turista
desde la Mezquita a la Torre de la Calahorra
se convierte así en un ameno sonar
del vaivén de una acordeón
que vierte a las nubes su sonido delicado
y sus notas se convierten
en la atracción de una mañana calurosa,
en un concierto que el mundo escucha,
de las manos de un artista,
convertido hoy en un músico ambulante
que da su música gratis
a cambio de unas monedas,
a quien la quiera escuchar;
como un generoso poeta
que alaba y bendice;
como un trovador de cánticos breves,
que ofrece a cambio, tal vez, de una sonrisa;
como sembrando todo un corazón,
sobre el sentido común, así como por amor al arte,
con toda la humildad y sencillez,
de quien ofrece lo que tiene,
de quien da todo su contento,
con el mayor amor,
con la mejor intención.

Córdoba, miércoles 11 de agosto de 2010. Escrito por José Francisco Garcia

No hay comentarios:

Publicar un comentario