Hay un patio fértil
fértil de luz y paz inmensa
de silencio roto por la monótona fuente,
que gime su chorro de agua,
sobre un pedestal de mármol,
sobre una pileta redonda,
tan inundada de caricias,
que lame el agua que salpica,
sobre una octogonal base de roca,
donde desagua limpia
con una sonoridad impredecible
que la monotonía sosiega
el énfasis que sobre el aire
proyecta su palpitar.
Hay un pórtico generoso en la luminosidad
que diez columnas de hierro soportan.
Seis macetas de cintas hay
con sus raíces en unos grandes tiestos.
El calor del verano derrite la suave templanza.
Losas de pizarra sobre un suelo gris,
sobre las que depositan su elegancia
unas mesas con losa de mármol blanco
y unas sillas de anea por donde traspira el aire.
Dos bancas de madera antiguas
lucen como si estuvieran en una tienda de antigüedades.
Los gorriones beben en la fuente,
arriba las palomas arrullan.
Patio donde declina la luz suntuosamente
y donde la serenidad encuentra
la adecuada templanza a su sosiego.
Córdoba, 10 de agosto de 2010. Escrito por José Francisco Garcia
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