jueves, 12 de agosto de 2010

LA FUENTE DEL PATIO DE LOS NARANJOS

La luna baña su reflejo de noche
en el estanque de plata transparente,
adornado por cuatro salpicaderos
que lanzan desde cada columna
de las cuatro esquinas
cuatro chorros enfervorizados
con una fuerza que nunca decae
con un aire ilustre de ecos infinitos
cuando cae el agua,
como si fuera un jirón de las nubes
traspasando el pico de una montaña.

Luego un torrente convertido en una hila de agua
sale por un desagüe bajo las sombras de los naranjos
bajo el recinto amurallado,
bajo la nacarada mañana del verano.

Todos los turistas beben su descanso
como engendrando el sosiego,
con la luz del sol perenne e infiltrada
entre los cipreses,las palmeras y los naranjos;
entre las tapias engendradas por los siglos,
por donde la historia transcurre
junto al río Guadalquivir.

Esta fuente todo lo concentra
con su frescura, su belleza plena,
su dogmatismo y su estampa.

Aquí la tarde inunda
su imperturbable templanza
con toda su poesía
bajo un cielo inflamado de sol.

El estanque, cuando está vacío
y seco, está triste,
ahora que está lleno, esta alegre.

Una fuentecilla de mármol
grita en el centro de la balsa
con un chorrillo de agua
por donde la luz palpita.

Esta fuente que ilumina Córdoba
con abrumadora calma
sobre el silencio impertérrito.

Aquí transpira la pureza como un canto
limpio y breve sobre toda la contemplación,
que hoy confiesa el día
a los muros milenarios de la Mezquita.

Córdoba, 12 de agosto de 2010.Escrito por José Francisco Garcia

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