Desde estos lares se ha puesto el sol
ruborizado y plateado,
por entre las aguas infinitas
mientras dormia en las colinas la cándidez.
La última luz la ha eclipsado
la noche, sobre todos los aromas marítimos,
sobre el chasquido de la ola en la quilla de los barcos,
sobre la inmensidad del oceano.
La tarde ya duerme en su cenáculo,
en la estratósfera, en el ingenio, y en la melancolía.
Se ha traspuesto el sol,
lamiendo el agua con su galanteria.
Admirado colorido luminoso,
que la noche calcina con su sombra,
ya tiene el día su semblanza,
y la aurora su dominio.
En la mejilla roza como una fantasía
toda la generosidad de la bahía,
como si fuera un emporio,
junto a Cabo de Gata.
El resplandor de la belleza del día
ya tranquilo embellece las casas
mientras el último resplandor desaparece
timidamente fugitivo y huidizo como una gácela.
El silencio como un olvido, cubre primorosamente
la playa, mientras el agua templada y cálida
cubre las piedras humedas del espigón,
que se adentra en el mar, como una causa.
Como si fuera la luz de un cándil,
desaparecen los últimos rayos sobre las aguas,
mientras tú ¡Oh! excelsa Almeria,
apagas la llamarada de la última luz del día.
Córdoba, nueve de agosto de 2010.Escrita por José Francisco Garcia.
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